lunes, 23 de mayo de 2011

7. LA HERMANA DEL MEDIO


La hermana del medio de Ernesto está en cuarto de primaria y le gusta las matemáticas, y le gusta calcular todo, cuántas horas duerme al día, cuántas uvas se come al mes, cuántos deseos pide en año nuevo, cuántas hojas tiene ese árbol, una, dos, tres, cuatro, ciiiiiinco, seeeeissss, sieee, y el carro avanza y baja una pequeña rampa que hace que su estómago salte y se vacíe por un instante, se ahueca, y vuelve a su sitio, y se queda sentadita, no su estómago, Susanita, la hermana del medio de Ernestito, que está tan cómoda en su sitio, sentadita al lado de la ventana, con el sol dándole a los ojos y ella tratándolos de abrir más y más para que toda la luz le entre a la retina y los haga más claros, no las retinas, los ojos, Susanita quiere que sus ojos sean claros, no, claros no, clarísimos, tanto que no sea necesario abrir más los ojos al sol y ver las cosas más claras, clarísimas, y contar más claro.

A Susanita la lleva la movilidad al colegio, porque a Pía no le gusta salir tan temprano de casa. Susanita tiene que lavarse la carita ella sola, mientras cuenta cuantas gotas de agua caen al suelo, se viste, primero las medias, una y dos, luego la blusita, tres, cuatro y cinco botones, luego se amarra el pelo y es en ese momento en que empieza a contar cada uno de sus cabellos pero siempre pasa algo que la hace perder la cuenta. Una vez, por ejemplo, cuando iba por el cabello ciento treinta y seis, Ernestito salió de detrás de la puerta del baño y con un BU muy fuerte asustó a Susanita y la hizo perder la cuenta. Luego Susanita baja a tomar su desayuno y cuenta en cuantos sorbos se termina su leche. Si está muy caliente puede demorar entre quince y catorce sorbos; pero si la leche no le quema la lengua y la garganta, la puede acabar en tan sólo diez sorbos. Una vez Susanita logró terminar su leche en seis sorbos, pero eso es algo que sólo se da una vez en la vida. Luego llega la movilidad, que esta vez se tardó tres minutos con catorce segundos en llegar, y recoge a Susanita. La señora Graciela baja de la minivan color gris y toca el timbre dos veces. Susanita demora quince pasos en llegar a la puerta y tan sólo dos palabras para despedirse de su mamá, chao mami, y sale.

En el auto van ocho niños de los cuales sólo tres son del salón de Susanita y cinco de ellos son mayores que ella. A Susanita siempre le ha gustado viajar al lado de la ventana, aún cuando es de noche y la calle está tan oscura que no puede contar nada.

Al llegar a su salón Susanita forma la fila en el patio de recreo, son treinta y seis en total, pero hoy sólo han llegado treinta y cinco, Miluska, a quien todos sus amigos le dicen Milu, debe de estar enferma, seguro está enfermita la pobre, con treinta y siete, treinta y ocho o treinta y nueve de fiebre y con escalofríos cada cinco minutos, seguro la pobre está en cama, pobre. Y Susanita pasa a su salón y se sienta en su pupitre a esperar que las horas pasen. Lo mejor es no contar, cuando uno cuenta el tiempo, este se demora más en pasar, por eso Susanita se recuesta en su carpeta y esconde la cara en los brazos y se queda dormida y sueña que es contadora, pero no de las que se sientan frente a una computadora, sino de las que cuentan todo en la vida, y Susanita la contadora empieza a contar las nubes, las sillas y hasta las estrellas y cuando estaba a punto de contar sus cabellos el timbre de la salida suena y la despierta y Susanita coge sus cosas, su mochila y su lonchera, se aprieta bien las colas, que son dos, y sale muy apurada-entusiasmada del colegio. Al salir, Susanita no camina hacia la minivan de color gris de la señora Graciela, corre hacia el lado contrario, donde un señor la espera en una esquina con un helado en la mano. Susanita llega donde el señor y le sonríe, le da la mano y se van juntos.

Luego de esperar, la minivan sale a dejar a los demás niños a sus casas.

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