martes, 17 de mayo de 2011

5. GERARDO


Cada vez que Gerardo ve entrar a Pía a su tienda, un raro calambre, así bien doloroso pero a la vez placentero, pero doloroso, sube por su pierna hasta llegar a su oreja. Gerardo confunde ese cosquilleo tan doloroso pero a la vez placentero, pero doloroso, con una rara enfermedad que vio en un documental en la tele sobre las hormigas bala y el efecto de su veneno sobre los hombres. Desde el día en que vio ese documental en la tele, Gerardo siente cómo caminan aquellas enormes y rojas hormigas debajo de su cama, esperando el momento más oscurito de la noche para trepar por la pared y abrir sus tremendos colmillos, rojos como ellas y afilados como ellas, para darle una mordida mortal, como la mordida de una bala a corta distancia sobre la piel blanca y rechoncha de un gordo rechoncho dueño de una tienda que se pasa el día pensando en su clienta favorita que se llama Pía que es muy linda y que tiene un hijo hermoso y cabezón y ningún marido.

Gerardo, como suele hacer cada vez que Pía llega a su tienda, sale a recibirla con una gran y rechoncha sonrisa, las manos sudorosas y el pelito bien acomodadito hacia la izquierda, así, bien bonito, con la rayita bien hecha y me paso la mano porsiacaso, porque en cualquier momento Piíta puede venir, y así fue, vino, siempre con los ojazos y las zapatillas blancas y el mechón de cabello que siempre le cuelga y que quisiera colocarlo en su sitio, detrás de la orejita, siempre limpia, y repetir el acto cientos de veces.

- Hola Piíta, bienvenida, cuéntame, qué necesitas

- Gerardo, ya te he dicho que no es necesario que me llames Piíta siempre, con Pía está bien.

- Es que yo siempre quiero dar la mejor atención a mis clientes.

- Bueno, vengo por un chupete para Ernestito que hoy se portó muy bien frente a su tía. Escuchó su música sin distraerse y hasta dejó que le estirara los cachetes sin protestar. Es todo un campeón. ¿Verdad Ernestito?

Gerardo no vio que Ernestito estaba con los ojos perdidos en dios sabe qué galaxia y que estaba combatiendo secretamente a los invasores extraterrestres para quitarles sus naves y hacerse el hombre más fuerte de todo el mundo, claro, después de Superman. Gerardo tampoco vio cuando Pía golpeó a su hijo con un leve empujoncito para despertarlo del trance y así Ernestito escogiera rápido el chupete que quería y se puedan ir igual de rápido de la tienda. Lo único que vio Gerardo fue la pequeñísima boquita de Pía, porque así quiere que la llame, pero me gusta más Piíta, y sus pechos blancos y redondos, claro, porque no, sus pechos también son lindos, y su boquita y su manito palmeando a su Ernestito, dándole en el potito suavecito no sé para qué, pero insistiendo e insistiendo y su potito rojo de tanto golpecito.

- Mi amor, escoge rápido que seguro Gerardo tiene muchas cosas que hacer además de atendernos.

- Claro que no Piíta, no hay nada más importante que el cliente y ustedes son mis clientes, ¿cierto Ernestito?

Gerardo sabía que a Ernestito le encantaba que le diga Ernestito, porque cada vez que lo hacía, el pequeño cerraba los ojitos como agradeciéndole el gesto y lo miraba fijo a los ojos, cualquiera diría que está molesto, pero mira como me mira con esos ojitos, dos rayitas, y la sonrisa que siempre guarda porque no le gusta mostrarla, seguro le dará vergüenza, sí, pobre, tan chiquito y tan avergonzadito y la cabezota que seguro le pesa tanto, porque la mueve de arriba abajo y de abajo arriba con tanto esfuerzo, como si no quisiera hacerlo, tan tierno Ernestito. Le encanta que le diga así, Ernestito, y de inmediato sus dos ojos chinitos. Y Piíta que le guiña el ojo, porque seguro le pidió que se portara bien, para quedar bien conmigo, y le soba los cachetitos, yo también algún día le sobaré esos cachetitos, y le guiñaré el ojo, así como Pía, porque así quiere que la llame, pero me gusta más Piíta. Sí, Piíta, con su boquita y sus ojos grandes, y claro, porque no, con sus pechitos blancos y firmes.

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