Gerardo, como suele hacer cada vez que Pía llega a su tienda, sale a recibirla con una gran y rechoncha sonrisa, las manos sudorosas y el pelito bien acomodadito hacia la izquierda, así, bien bonito, con la rayita bien hecha y me paso la mano porsiacaso, porque en cualquier momento Piíta puede venir, y así fue, vino, siempre con los ojazos y las zapatillas blancas y el mechón de cabello que siempre le cuelga y que quisiera colocarlo en su sitio, detrás de la orejita, siempre limpia, y repetir el acto cientos de veces.
- Hola Piíta, bienvenida, cuéntame, qué necesitas
- Gerardo, ya te he dicho que no es necesario que me llames Piíta siempre, con Pía está bien.
- Es que yo siempre quiero dar la mejor atención a mis clientes.
- Bueno, vengo por un chupete para Ernestito que hoy se portó muy bien frente a su tía. Escuchó su música sin distraerse y hasta dejó que le estirara los cachetes sin protestar. Es todo un campeón. ¿Verdad Ernestito?
Gerardo no vio que Ernestito estaba con los ojos perdidos en dios sabe qué galaxia y que estaba combatiendo secretamente a los invasores extraterrestres para quitarles sus naves y hacerse el hombre más fuerte de todo el mundo, claro, después de Superman. Gerardo tampoco vio cuando Pía golpeó a su hijo con un leve empujoncito para despertarlo del trance y así Ernestito escogiera rápido el chupete que quería y se puedan ir igual de rápido de la tienda. Lo único que vio Gerardo fue la pequeñísima boquita de Pía, porque así quiere que la llame, pero me gusta más Piíta, y sus pechos blancos y redondos, claro, porque no, sus pechos también son lindos, y su boquita y su manito palmeando a su Ernestito, dándole en el potito suavecito no sé para qué, pero insistiendo e insistiendo y su potito rojo de tanto golpecito.
- Mi amor, escoge rápido que seguro Gerardo tiene muchas cosas que hacer además de atendernos.
- Claro que no Piíta, no hay nada más importante que el cliente y ustedes son mis clientes, ¿cierto Ernestito?
No hay comentarios:
Publicar un comentario